Desde principios del siglo XX América latina comenzó a tantear el
terreno de los diferentes pensamientos y tradiciones que discuten sobre el
horizonte del conocimiento. Este horizonte se ha visto afectado a lo largo de
la historia por situaciones de carácter, político, social, cultural e
ideológico.
Aquí entra uno de los primeros agentes que hace discutible el punto de
vista de los “pedagogos” latino americanos. Hablo del acercamiento que se da
por parte de los estudiosos a las diferentes teorías pedagógicas, aproximación
que está desprovista de un punto de vista crítico, cosa que lleva al error de
aplicar un método como si este fuera universalmente válido.
Como el texto de Tezanos dice, lo que posibilitó a los latinoamericanos
estudiar la pedagogía fueron las diferentes traducciones al castellano de texto
que originalmente pertenecían a otros idiomas. Lo que permitió difundir de
forma acertada estás teorías, fue que se le encargó a expertos en la temática
educativa y pedagógica llevar a cabo la traducción de dichos textos ya que
delegarle está tarea a individuos que no estuvieran afianzados con el tema
llevo a crear por ejemplo ambigüedades en el sentido del título de algún texto.
Si tenemos en cuenta de que los latinoamericanos se estaba apropiando de un
discurso descontextualizado, dificultaba aún más la cosas el hecho de que se
afianzaran de un texto poco acertado en la parte del sentido y los concepto.
Luego de este conflicto inicial que afecta las posibilidades de la
educación en Latinoamérica, tenemos los
efectos que esto produce sobre los maestros. Apropiarse de métodos externos
llevo la imagen de docente hacía el declive, ya que luego de la escuela normal
superior; que fue fuertemente influenciada por la fallida escuela normal
francesa, se expandieron dos ideas: la primera hablaba acerca de que los
maestros más que un saber profundo en pedagogía, requerían tener buenas bases
en un saber específico, la segunda idea decía que para ser docente en alguna
entidad educativa, no era indispensable saber enseñar. Sin embargo, con esto
último me preguntó qué era “saber enseñar”, si se refería al conocimiento de
todas las teorías para aplicarlas, posiblemente sería más útil no saber nada,
ya que al educador no estar “atormentado” por toda una gama de métodos
descontextualizados… con esto volvemos a la idea de que el lector de estas
teorías está en la obligación de acercarse a ellas con una mirada crítica
dispuesta desarmar todos los conceptos y si le es posible tenerlos en cuenta
para la resolución de algún conflicto que se pueda dar. También se debe saber
que los “fenómenos” que se den con los estudiantes, son eventos irrepetibles,
por eso es muy complejo sacar una conclusión general de eventos tan
particulares.
Creo que la condición de maestro se concreta
y toma significado gracias a su capacidad de percibir la realidad sociocultural
y política de su tiempo, así como en la capacidad para transmitir una “caja de
herramientas” (entiéndase como
conocimientos que servirá para el desarrollo del o los estudiantes, que les
permitirá interpretar y actuar en su realidad).
Aunque el
texto nos da la perspectiva del concepto de pedagogía (y no un concepto único,
nos enfrentamos a contraposición de lo que piensa Durkheim y Dewey). El primero
ve la pedagogía como algo que no puede poseer un carácter científico legítimo,
ya que por sí sola, le es imposible arrojar estadísticas concretas y seguras.
Esto sólo podría hacerlo apoyándose en una verdadera ciencia, como la
psicología; también dice que la pedagogía son ciencia y acciones, son teorías
que permiten pensar las posibilidades de la educación, no practicarla. Dewey
dice que la pedagogía sí puede pensarse como una ciencia, ya que si se pueden
sacar datos estadísticos de alguna actividad educativa, estas pueden
considerarse fuentes fiables y así permitir catalogar problemas que permitan
llevar a cabo investigaciones. Verificando estoy datos a través de la practica
podría generar unas conclusiones que beneficien al educador.
Pero debemos tener en cuenta que estos dos autores de teorías
pedagógicas, posiblemente no ha tenido contacto con las aulas de clase, así que
una vez más pretenden quiero recalcar lo importante de la experiencia entre la
interacción Maestro –alumno/s. Querer darle un carácter netamente teórico es
erróneo, ya que la práctica no puede ser pensada únicamente como medio de
estudio científico, sino también como una forma de aportar a la educación; o
sea que es un medio que impulsa al maestro para que este decida cómo enseña,
qué enseña y para qué enseña. Como ya dije, es imposible esperar resultados
específicos de un medio caracterizado por la diversidad y lo imprevisto. Aquí
es donde el maestro tiene la ventaja, ya que él se enfrenta de forma permanente
al aula de clase, que aunque conserve ciertos patrones, sabe reconocer la
diversidad y se ha ido armando con elementos que le permiten responder a
diversas situaciones.
No importa la asignatura, el docente tiene la capidad de construir un discurso motivador. No se trata de enrredar, como docentes tenermos la forma de convencer.
No importa la asignatura, el docente tiene la capidad de construir un discurso motivador. No se trata de enrredar, como docentes tenermos la forma de convencer.
BIBLIOGRAFÍA
TEZANOS, Araceli ,
"Didáctica-pedagogía-ciencia de la educación: la relación que confirma la
“excepción” francesa", Revista Educación y Pedagogía, Medellín,
Universidad de Antioquia, Facultad de Educación, vol. XVIII, núm. 46,
(septiembre-diciembre), 2006, pp. 33-57.
